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Página:Carne doliente (cuentos argentinos) (IA carnedolientecue00ghir).pdf/83

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frente á nosotros. Era tambien algo así como la exteriorizacion de la ira del hombre antiguo de las cavernas. Era la fiera colectiva que hablaba rugiendo.

Recien entonces tuvo la impresion neta de que el gaucho debía morir. Pagar el crimen....

Contra el muro izquierdo de la iglesia, de la mesquina casa del Dios de los cristianos, allí donde los niños del pueblo jugaban á la pelota en los hermosos dias, cuatro jovenes fornidos trataban de sugetar al gaucho atándole á un garfio de hierro colocado en ese sitio quien sabe por quien ni con que objeto.

De pronto hubo un gesto de asombro en la multitud. El gaucho, en un arranque supremo, rompiendo las ligaduras que destrozaban sus manos; dando tres saltos de ginnasta, á piés juntos, con grillos y todo, se habia colocado en el centro mismo del atrio frente al grupo feroz y armado que, en el primer instante, sorprendido, retrocedió compacto, como una masa que se amolda á un movimiento ordenado.

-¡Haganmé fuego ahora, cobardes, hijos de p...!