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Página:Carne doliente (cuentos argentinos) (IA carnedolientecue00ghir).pdf/84

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El desafio del gaucho tenía toda la terrible y trágica desesperación del hombre que solo desea en el supremo, inevitable minuto, morir luchando.

Había sonado un solo tiro disparado desde un costado del grupo. Despues hízose un momento de silencio. ¡Pero qué silencio! Pretendió moverse el gaucho y cayó de rodillas. Estaba herido y no hablaba. Se ayudó con las manos y volvió á erguirse ante el grupo armado.

Las dos fieras estaban frente à frente...

Entonces comenzaron á sonar, seguidas, las descargas de los fusiles.

-¡Juan, tira tú!

-¡Ahora me toca á mi!

-Yo traje la escopeta vieja cargada con municiones hasta la boca. No quiero dejarle ni un pedazo de cuero sano. ¡Ahí va mi parte!...

Así se expresaban las fieras del grupo.

En cuanto á la otra fiera, el gaucho, tenía algo de salvajemente heróico al recibir el castigo, allí frente á la casa mesquina y sórdida del Dios de los cristianos, todo bondad y amor...