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LA TRAICION
I
—Vea, mi jefe. En esa nubecita de tierra que se ve allí, le aseguro que va envuelto el hombre. Si no me equivoco lleva el caballo cansado y antes de media hora caeremos sobre él.
El milico, con el brazo derecho extendido, señalaba allá, á gran distancia, un minúsculo remolino polvoriento completamente imperceptible para seres no habituados á las