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Página:Carne doliente (cuentos argentinos) (IA carnedolientecue00ghir).pdf/91

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preso así no más. Yo le pido pelear con sus soldados. Con usté nó. Contra usté no puеdo hacer armas, es cierto. Pero.... ¿Y qué quiere que haga entonces?.....

Entre tanto el comisario avanzaba, bastante confiado en el estado de ánimo reflejado en las palabras del gaucho respecto á su persona.

A pesar de su penetración, el comisario, el niño Martin de ayer, rogó al gaucho el abandono de sus armas. Iba á acercarse para hablar con más confianza y más detenidamente. Quería que se entendieran solos y en voz baja lejos de la partida que, por su orden, permanecía á distancia.

El gaucho dudó un momento y detuvo su mirada escudriñante en la del niño Martín. Esto fué su perdición, pues vió en ella los mismos reflejos que tenían los ojos de aquel chico á quien antaño hiciera jugar, ocultándole la intención un fenómeno de espejismo mental al que contribuía su viejo afecto despertado de pronto.

—¡Como voy á dudar del niño!.... Y el gaucho abrió su poncho pampa, colgado á manera de escudo en el antebrazo izquierdo, arrojan-