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Página:Castilla y Cataluña (1919).pdf/11

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PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA


Señores: Pocas palabras preliminares para agradecer a mi amigo don Francisco Ruipérez las suyas cordialísimas acerca de mi modesta labor literaria que he dividido, por igual, desde hace diez años, entre Castilla y Cataluña, procurando llevar al mar las sugestiones, las pobres sugestiones del llano y queriendo traer a estas llanuras, que se espejan en el cielo, los riquísimos latidos de una raza fuerte y vigorosa que se mira en las aguas tersas y azules del Mediterráneo. Agradezco al señor Ruipérez sus palabras porque son reveladoras de un viejo afecto y me traen el eco de aquellos días juveniles y universitarios de la pasada mocedad, en que las ideas brotaban audaces de nuestros cerebros, y porque me recuerdan también coincidencias más recientes de nuestros dos espíritus, anhelosos de lucha, en horas bien tristes para esta España nuestra y para esta pobre Castilla nuestra, que necesita el barreno y la dinamita de la inquietud, a ver si se desprende de esta costra berroqueña, donde asientan sus palacios los caciques y sus guaridas las cornejas.

Estamos en un momento de inquietud, señores; que no en balde han dado su vida nueve millones de hombres en los campos de batalla para que no tengan el derecho de preguntarse si el Mundo ha de continuar por los viejos y gastados railes de sus antiguas culpas y pecados. La hora está llena de plenitud y de peligros, y a la vez, de amorosas afirmaciones y de gallardías fecundas. Apenas firmado el armisticio, en esta misma España nuestra neutralista a ultranza, egoísta y perezosa, el eco de la angustia y de la desazón invade el subsuelo