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Página:Castilla y Cataluña (1919).pdf/25

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dad os digo que no ha nacido todavía para nosotros. España, para vosotros, mis hermanos, y para mí, es una cosa lejana: un Rey que va de caza; un fisco que nos acribilla; un cuartel que nos lleva los hijos; una Justicia que nos sale demasiado cara, demasiado lenta y demasiado poco justa; un Gobernador civil que nos irrita; un Concejo que no puede moverse sin el permiso de una sombra que obstruye sus movimientos; unas Diputaciones provinciales que nos aniquilan con sus contingentes; unos policías que cobran el barato; un Parlamento que vive a espaldas de la realidad; unos acaparadores protegidos por la Guardia civil; unas Universidades que incuban la pedantería a nuestros muchachos; unas Escuelas como cuadras sin sol y con mierda; todo eso es España. Y la queremos más cerca de nuestro corazón, la queremos más a nuestro lado, para que todos la infundamos nuestro propio espíritu... Mirad que la actual es patente de corso, bandera de desafueros y coto de desaprensivos. Enterremos ese cadáver para crear otra naciente, otra futura y gloriosa España, cuyos llantos y cuyos vajidos escuchemos silenciosamente, dentro de nuestras entrañas fecundas. Encerremos el vino rancio en copas nuevas, hermanos míos de las Españas, moriscos andaluces, suevos de Galicia, vascos de la montaña, romanos de las Castillas. Porque somos distintos, no nos repelemos sino que nos completamos. Bucead los tesoros en vuestras propias minas, vivid con ellos, sustituyamos esta España de trapos con otra de carne y hueso. Sea nuestra casa solariega, no campo de Agramante de hermanos mal avenidos, sino palenque de estímulo y de emulación recíprocos. Si no queremos perecer, seamos sinceros con nosotros mismos. Como nos gobiernan los peores, vamos a jubilarlos por los más aptos. Y cuando la mala hierba se imponga en los sembrados, bon cop de falç, amigos míos. No otra cosa quiero yo decir, cuando, angustiada, grito en catalán, voces que os traducen aviesamente los cultivadores del equívoco».