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 Por eso yo hablo así, aquí en esta Universidad de Guadalajara, que es una Universidad de vanguardia. Y tengo la certeza de que la obligación patriótica de ustedes es trabajar en la provincia, fundamentalmente vinculada a las actividades económicas, mineras, industriales y agrícolas. La obligación del que estudió aquí es no olvidar que esta en una Universidad del Estado pagada por los contribuyentes que en la inmensa mayoría son trabajadores. Y no olvidar que, por desgracia, en esta Universidad como en las Universidades de mi Patria, la presencia de hijos de campesinos y obreros alcanza un nivel bajo todavía.

 Ser joven, en esta época, implica una gran responsabilidad. Ser joven del mundo, o de Chile; ser joven de América Latina. Sobre todo en este continente que, como he dicho, está marcado por un promedio que señala que somos un continente joven. La juventud tiene que asumir su responsabilidad histórica. Tiene que entender que no hay lucha de generaciones; que hay un enfrentamiento social, lo cual es muy distinto, y que pueden estar en la misma barricada de ese enfrentamiento quienes hemos pasado de los sesenta años —yo he pasado muy poquito de los sesenta; guárdenme el secreto—, y los jóvenes de dieciocho o veinte años.

 No hay querella de generaciones, y eso es importante que yo lo diga. La juventud debe entender su obligación de ser joven, y si es estudiante, darse cuenta de que hay otros jóvenes que, como él, tienen los mismos años pero no son estudiantes. Y si es universitario, con mayor razón: mirar al joven campesino y al joven obrero, y tener un lenguaje de juventud, no sólo un lenguaje de universitario para universitarios.

 Pero aquél que es estudiante tiene más obligaciones, porque tiene más posibilidades de comprender los fenómenos económicos y sociales, y las realidades del mundo. Tiene la obligación de ser un factor dinámico del proceso de cambios, pero sin perder los perfiles, también, de la realidad.