Página:Charles Darwin - Diario del viaje de un naturalista alrededor del mundo - Tomo I.djvu/331

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tierra del fuego

sus amigos difuntos. No tenemos razones para suponer que tengan alguna clase de culto; aunque tal vez fuera una especie de plegaria el musitar del viejo antes de distribuir la ballena podrida a sus hambrientos compañeros. Cada familia o tribu tiene un hechicero o médico nigromante, cuyo oficio no pudimos saber con claridad. Jemmy creía en sueños, pero no en el diablo, según ya he dicho: no me parece que nuestros fueguinos fueran más supersticiosos que algunos de los marineros, pues un viejo cabo de brigada creía firmemente que los temporales sucesivos con que topamos en el cabo de Hornos eran causados por tener fueguinos en el barco. York Minster hizo una vez cierta manifestación parecida a la creencia en un poder justiciero de orden superior cuando, habiendo matado Mr. Bynoe algunos patos jóvenes con su escopeta, para ejemplares de muestra, le dijo en el tono más solemne: «¡Oh, míster Bynoe, mucha lluvia, nieve, mucha niebla!» Era evidentemente un castigo por haber derrochado alimento. Nos relató también, de una manera salvaje y violenta, que su hermano, un día que volvía del pico, de matar algunas aves que había dejado en la costa, observó algunas plumas arrastradas por el viento. Su hermano dijo (York imitaba sus maneras): «¿Qué es esto?», y avanzando arrastrándose y mirando por encima del acantilado, vió «al hombre salvaje» que las estaba cogiendo. Entonces se acercó algo más, y arrojándole una gran piedra, le mató. York añadió que posteriormente hubo muchas tempestades por largo tiempo, y cayó mucha lluvia y nieve. Según lo que pudimos entender, parecía considerar como agentes vengadores a los mismos elementos; en este caso se patentiza de qué modo tan natural los mismos elementos hubieran sido personificados en una raza un poco más adelantada en cultura. Quiénes fueran esos «malos hombres salvajes» es un enigma que no he logrado descifrar; de lo que York dijo cuando hallamos el sitio