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pues al fin la cruel hambre importuna
con más fiero rigor es su homicida.
Mas ves allí a do asoma, hermano, una
que, como sabes, fué de mí querida
un tiempo con extremo tal de amores,
cual es el que ella tiene de dolores.
Sale una mujer con una criatura en los brazos y otra de la mano, y ropa para echar en el fuego.
madre
¡Oh duro vivir molesto!
¡Terrible y triste agonía!
hijo
Madre, ¿por ventura habría
quien nos diese pan por esto?
madre
¿Pan, hijo? ¡Ni aun otra cosa
que semeje de comer!
hijo
¿Pues tengo de fenecer
de dura hambre rabiosa?
¡Cón poco pan que me deis,
madre, no os pediré más!