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villa), de las Iglesias del Reino de Guatemala, se asignaron á la de Méjico, las de Guatemala y Chiapa: á la de Lima, la de Leon de Nicaragua: á la de la Isla Española, la de Comayagua. Pero, vista la imposibilidad de los recursos á estas dos Metrópolis, se hubieron de desmembrar de ellas y agregar á la de Méjico.

Mas no por esto se facilitaron los referidos ocursos, distando una y otra de dicha Metrópoli mas de 700 leguas. Movido de estos inconvenientes el celo de nuestros augustos Monarcas, pidieron en repetidas ocasiones y especialmente en cédula de 16 de Febrero de 1717, informe sobre la materia á los Señores Arzobispo de Méjico y Obispos de este Reino y á los Prelados de las Comunidades Religiosas. Persuadido, por último, N. C. M. Felipe V, de la necesidad que habia de que se erigiese en Arzobispal la Iglesia de Guatemala, tuvo á bien se pasasen oficios en su real nombre á N. M. S. P. Benedicto XIV, para que se dignase hacer la referida ereccion; la que Su Santidad efectuó en bula de 16 de Diciembre de 1743, confiriéndose el mismo dia la insignia del Sagrado Palio al apoderado del nuevo Arzobispo. Habiéndose dado el pase á las bulas Pontificias en el Supremo Consejo, en 2 de Junio de 1744, se remitieron con los reales despachos al referido Arzobispo; y el Sagrado Palio se entregó, para que lo condujese á este Reino, al I. S. Dr. D. Isidro Marin Bullon, que venia para su Iglesia de Nicaragua. Este lo trajo hasta el puerto de Vera-Cruz, y allí lo entregó al I. S. D. Fr. Francisco Molina, Obispo de Comayagua, quien lo condujo hasta Guatemala. Llegó este Prelado con la sagrada insignia al pueblo de Jocotenango, contiguo á dicha Ciudad, el 27 de Octubre de 45, y el siguiente dia se introdujo en ella el Sagrado Pálio, con la mayor pompa y solemnidad, acompañando á su Ilustrísimo conductor, el Ilustrísimo y Reverendísimo Señor Maestro Don Fr. José Cubero, Obispo de Chiapa, el Cabildo Eclesiástico y lo mas lucido de este vecindario, que en 75 forlones se dirigieron al palacio Arzobispal, por las principales calles de esta Metrópoli, que se veian todas hermoseadas con colgaduras y gayardetes, que pendian de