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14 de Junio fué nombrado por Su Santidad, primer Superior General de la espresada Congregacion. No fueron menores las oposiciones que tuvo que superar el fortísimo General de Betlem en la Corte de Madrid, para conseguir el pase de la Bula Innocenciana, que no se dió hasta el año de 96. Concluidos sus negocios regresó Fr. Rodrigo para las Indias y llegó á la Ciudad de Méjico por Octubre de 96. Hizose en dicha Metrópoli la publicacion de los Breves Pontificios, con majestuosas y plausibles demostraciones, y los Betlemitas profesaron solemnemente en manos de su General. Éste pasó á Lima, donde hizo la referida publicacion, con sumo gozo y aplauso de aquellas gentes, y admitió á sus Hermanos á la profesion religiosa. Despues convocó á Capitulo general de toda la Religion, el que se celebró en el Convento de Guatemala, el dia 10 de Diciembre de 1703. En este respetable congreso, entre otras cosas se determinó que el Rmo. Fr. Rodrigo de la Cruz, continuase en el oficio de Prefecto General, hasta que se decidiese en la Curia Romana, si el enunciado empleo debia ser vitalicio: resolucion que se confirmó en el segundo Capitulo general, que tambien se celebró en el Convento de Guatemala, á 25 de Octubre de 1709. Sin embargo de hallarse por este tiempo el citado Fr. Rodrigo en edad de 71 años y con la salud quebrantada, ejerció el oficio de General con la eficacia y tezon que pudiera un jóven, no cesando de velar sobre el cumplimiento de las constituciones y remedio de los abusos, no dejando de visitar los Hospitales y promover los aumentos de su nueva Religion. Pero aumentándosele los años y creciendo los achaques, hubieron de acabar con su preciosa vida. Pasó á la eterna, este Varon inmortal, el dia 23 de Setiembre de 1716, á los 79 años de su edad, 50 de su ingreso á la Compañía Betlemítica y 29 á su Prefectura general. El dia siguiente fué enterrado su cadáver en la Iglesia del Hospital de Méjico, con la pompa y magnificencia que correspondía y era debida á su empleo, á sus raras prendas y á sus heróicas virtudes. Continuando los Betlemitas sus sentidas espresiones, honraron la memoria de su