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no tambien unos indios con otros; pues aunque algunas lenguas de los naturales de estos paises se den la mano y los indios de un idioma entiendan á los de otro, esto se verifica en las que tienen alguna analogia, pero no en todas; y ya se vé que, no entendiéndose, no pueden contratar.



CAPITULO 7.º
En que se hace ver que este Reino de Guatemala nunca estuvo sugeto al Imperio mejicano.

No contento Autzol, octavo Rey de Méjico, con su floridisimo imperio y pareciéndole estrechos los límites de sus vastísimos estados, intentó ampliarlos y estenderlos, agregándoles el Reino de Guatemala. Pero habiendo hecho el Monarca mejicano todos los esfuerzos posibles para sojuzgar y avasallar á los Señores Tultecas, que dominaban el referido Reino y habiéndolos esperimentado inútiles, desesperado de conseguir su intento por armas, determinó probar otros medios. Hizo especial embajada á los Señores de este Reino, tratándoles de confederación entre uno y otro imperio; mas tampoco esta traza le salió bien; pues introducidos los emisarios á presencia del Rey de Utatlán, este Monarca no les dió oidos, prestestando sagazmente que no los entendía. Pasaron á la corte de Guatemala, donde fueron bien recibidos; pero no mejor despachados. Dirigiéronse á la Metrópoli de Atitan; mas el Rey de los Zutugiles, que ni á los Príncipes de su propia sangre les guardó ley, los recibió con vara y flecha. Viéndose en tan grande aprieto dieron la vuelta por la Corte de Utatlán, donde el Rey del Quiche les hizo intimar, que dentro de un dia saliesen de aquella ciudad y dentro de veinte soles ó dias estuviesen fuera de su jurisdicción. Nacía esta repulsa tan ágria, de que estos Señores sospechaban, con no débiles fundamentos, que el pretesto de concordia y confederación era título honesto, con que el Emperador Autzol disfrazaba sus ardides, que