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ellos procuraron sacar otros de las montañas: en efecto, todos los dias salian, ya de los bautizados, ya de los gentiles, catequizábanlos é instruíanlos en nuestros sagrados misterios, bautizaban á los que hallaban capaces y los iban plantando en forma de pueblos.

Quisieran los misioneros entrar ellos mismos á las montañas, en busca de los neófitos que se les habían huido, por causa del incendio; pero el Capitán Daza les hizo desistir del intento. diciéndoles que aunque los indios los llamasen y ofreciesen canoas para pasar el rio, como de facto lo habían hecho, todo era traición que les tenian armada: que él entraría primero con su gente y tantearía las cosas, porque segun veia, la jornada era peligrosa. Muy á su costa esperimentó Daza cuan verdadero era lo que sospechaba: pues aunque al principio halló á los indios blandos, asi que se vieron con fuerzas, se le atrevieron y tuvo bastante trabajo para defenderse y retirarse, no sin muerte de algunos soldados. Mas no se apagó con esto el odio que habian concebido los infieles contra los cristianos, y aun se aumentó en gran manera, por haber dado cruel muerte uno de los soldados á un indio que se atrevió á darle una bofetada; y asi, deseando tomar venganza se valieron de nuevas astucias. Enviaron á decir á los Padres, que estaban muy pesarosos de las guerras pasadas: que querian recibir el bautismo, con tal que fuesen los Padres y los Españoles á la montaña, pero sin arcabuces, porque no querian guerra, sino paz y ser cristianos. Muy confiados en esta propuesta, sin servirles de escarmiento los sucesos pasados, hubieran partido en la hora para la montaña estos zelosos misioneros; pero el Capitán Daza los detuvo: ofrecióse á entrar él con algunos soldados, sin bocas de fuego, á decirles á los indios de parte de los Religiosos, que se les perdonaría todo lo pasado, que no tenian que temer y que ellos irían muy gustosos á instruirlos, catequizarlos y bautizarlos.

Partió el piadoso Capitán con su embajada, previniendo antes á los Padres que no se moviesen sin ver letra suya: á los cuatro ó cinco dias vieron asomar siete canoas y los que las traían dijeron á los Religiosos