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se secreto su rendimiento hasta la toma de Mixco; y que deseaban, para la seguridad de su amistad, verse con el Ahao Tonatiuh, esto es, Don Pedro de Alvarado, para declararle cierto secreto, que seria útil á los Españoles. Fué recibida esta embajada por el Adelantado con grandes demostraciones de agradecimiento y correspondido el regalo de los Caciques, con bonetes de grana, cuentas, cuchillos y otras cosas de Castilla. Tres dias tardó el Embajador en ir y volver con los Caciques, porque entonces distaba Mixco de Chignauta diez leguas: llegaron á los cuarteles del campo Español los referidos indios, y después de las salutaciones de una y otra parte, dijeron los Chignautecos que los Mixqueños nunca podian ser apresados, aunque se ganase la eminencia; porque tenían una gran cueva ó conducto subterráneo, por donde podian hacer su retirada á las vegas del rio; y que en este parage, donde se halla la boca del referido conducto, convenia poner una celada de Españoles que los apresase. Aceptaron los nuestros la proposición de estos indios y se despacharon al referido sitio de la vega del rio 40 hombres, entre ballesteros y de á caballo, a cargo de Alonso López de Loarca.

Pero restaba la mayor dificultad, que era entrar á la plaza de Mixco por la estrecha vereda que hemos dicho, no habiendo otra parte por donde poderlo hacer. Para esto se dispuso que se subiese por la espresada senda, caminando uno en pos de otro, precediendo un rodelero que escudase al ballestero que le seguía: tras esto fuese otro rodelero que defendiese el arcabucero que venia tras él, y asi se formase la deshilada hasta ganar la eminencia. Ofrecióse á llevar la delantera en esta peligrosa subida, Bernardino de Arteaga,que habia dado bastante prueba de sus arrestos valerosos en otras ocasiones; é invocando á Dios y al Apóstol Santiago, entraron en la citada senda guiados por Arteaga; caminaban con tanto brio y ligereza, que ni los tiros de zaetas, ni las piedras que arrojaban los defensores no los detenían, antes hacían grande estrago en los de Mixco nuestros ballesteros y arcabuceros: de esta suerte iban ganando los Españoles mucho espacio de aquella peligrosa ve-