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CAPITULO 5.º
En que se da la historia de este famoso templo hasta su ruina, acaecida el año de 1773.

Ha sido observación constante de los Españoles, que desde que se establecieron en Guatemala, á mas de los frecuentísimos temblores de tierra de poca entidad, que se esperimentan, hay cada 30 ó 40 años otros de orden superior, que causan ruinas, ya mayores, ya menores, en los edificios de la Ciudad. Sabemos que el año de 1526, dos después de la conquista, cuando volvía Alvarado de la Choluteca, se sintieron temblores tan fuertes, que asegura Bernal Diaz del Castillo no podían tenerse en pié: que el año de 1541 fueron tan recios, que arruinaron la Ciudad Vieja: que el de 1565 los hubo muy considerables, por cuyo motivo se juró por Patrón á San Sebastian: el de 1607 fueron terribles, y no cesaron, hasta que se tomó por protector á San Dionisio; y también se repitieron el año de 1651. Esta frecuencia de temblores es el azote de los templos de esta ciudad, sin que se halle medio que tomar, pues en los edificios mas fuertes y bien fabricados, parece que es donde hacen mayores estragos.

Apenas contaba ocho anos de estrenada nuestra Basílica, cuando se esperimentaron los famosos terremotos de 12 de Febrero de 1689, en que no dejó de padecer algún quebranto, que se reparó con facilidad. Siguiéronse á estos los temblores que hubo el dia de San Miguel del año de 1717, que habiendo hecho los mayores estragos en casi todos los templos, en el de la Catedral solo maltrató la bóveda mayor y la portada, prueba de su solidez y buena disposición. Llegó el año de 1751, y en el dia 4 de Marzo se sintieron dos espantosos temblores, uno á las ocho de la mañana, y otro á las dos de la tarde, que pusieron por los suelos las bóvedas de las Iglesias de S. Francisco, la Compañía de Jesús, y otras; mas á la Catedral solo le derribó el cimborrio: éste se le repuso, pero mucho mas bajo, por consiguiente menos vistoso, renunciándose la hermosura por la seguridad.

Como no haya cosa criada que no sea susceptible de mejoras, aunque esta basílica parecía que no las admitía,