pero no todo el mundo está en condiciones de hacer este gasto inútil. He puesto en estas CONVERSACIONES a una mujer a quien se instruye y que no ha oido nunca hablar de esas cosas. Me ha parecido que esta ficción me serviría tanto para hacer la obra más susceptible de amenidad como para dar ánimo a las demás con el ejemplo de una mujer que, no sobrepasando nunca los límites de una persona desprovista de todo barniz cientifico, no deja de entender lo que se le dice y de ordenar en su cabeza, sin confusión, los torbellinos y los mundos. ¿Por qué las mujeres habían de someterse a esta marquesa imaginaria, la cual no concibe mas que aquello que es indispensable? A la verdad, ella se aplica un poco; pero ¿qué significa aqui aplicarse? No es penetrar, a fuerza de meditaciones, una cosa obscura por si misma, o explicada obscuramente; es solamente no leer sin representarse claramente lo que se lee. Yo no pido a las señoras, para todo este sistema de filosofía, mas que la misma atención que es necesario conceder a la princesa de Cléves, si se quiere seguir bien la intriga y conocer toda su belleza. Es cierto que las ideas de este libro son menos familiares a la mayoría de las mujeres que las de la princesa de Cléves; pero no son más obscuras, y estoy seguro de que en una segunda lectura, a lo sumo, no se les escapará nada. Como no he pretendido construir un sistema en el aire, falto de todo fundamento, he empleado verdaderos razonamientos de física, y he utilizado todos los que han sido necesarios. Pero, felizmente, ocurre Digitized by Google
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