que seria preciso emplear en una explicación más extensa son demasiado dignos de respeto para po— nerlos en un libro tan poco serio como éste. La objeción toda entera gira sobre los hombres de la Luna; pero son los que la hacen quienes han querido poner hombres en la Luna. Yo no los he puesto alli; yo he puesto en ella habitantes que no son, de ninguna manera, hombres. ¿Qué son, pues? Yo no los he visto; no es por haberios visto por lo que hablo de ellos; y no sospechéis que sea una excusa de que me sirvo para eludir vuestra objeción el decir que no hay hombres en la Luna: vosotros veréis que es imposible que los haya, según la idea que yo tengo de la infinita diversidad que la Naturaleza debe de haber puesto en sus obras. Esta idea reina en todo el libro, y no puede ser refutada por ningún filósofo. Así, me parece que no oiré hacer esta objeción mas que a los que habien de estas CONVERSACIONES sin haberlas leído. ¿Pero esto es un motivo para tranquilizarme? No; es, por el contrario, muy legítimo temer que la objeción me sea hecha desde muchos puntos diferentes. Digitized by Google
Página:Conversaciones sobre la pluralidad de los mundos (1921).pdf/16
Apariencia