versaciones que he pasado con esta señora; sería preciso tener casi tanto ingenio como ella para repetir lo qué dijo, de la manera como ella lo dijo. Solamente vos le apreciaréis esta vivacidad de inteligencia que ya le conocéis. En cuanto a mi, yo la tengo por sabia, a causa de la extremada facilidad que tendría en llegar a serlo. ¿Qué es lo que le falta? Haber abierto los ojos sobre los libros; esto no es nada, y muchas gentes lo han hecho toda su vida, a quienes yo rehusaría, si me atreviese, el nombre de sabios. Por lo demás, me vais a quedar reconocido. Yo sé muy bien que antes de entrar en el detalle de las conversaciones que he te nido con la marquesa tendría el derecho de describiros el castillo en que ella había ido a pasar el otoño. Con frecuencia se han descrito castillos con menores motivos que éste; pero yo os haré gracia de ello. Basta que sepáis que cuando llegué a su casa no encontré alli a nadie que la acompañase, de lo cual me alegré muchisimo. Los dos primeros días no tuvieron nada de notable; se pasaron en comentar las novedades de París, de donde yo llegaba; pero en seguida vinieron estas conversaciones de las cuales quiero daros cuenta. Os las dividiré por noches, porque efectivamente no tuvimos estas conversaciones mas que por las noches. Digitized by Google
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