la vista se detiene en ellos con más agrado; en fin, se sueña mejor, porque se está persuadido de ser uno, entonces, la única persona en toda la Naturaleza ocupada en soñar. Acaso también porque el espectáculo del día es demasiado uniforme; se reduce a un sol y una bóveda azul; mientras que la presencia de todas estas estrellas, sembradas confusamente y dispuestas al azar en mil figuras diferentes, favorece el ensueño y un cierto desorden de ideas, en el que no se cae sin placer. —Siempre he sentido eso que me decis—replicó ella; amo a las estrellas, y de buena gana me quereIlaria del Sol, que nos las borra. —¡Ahl—exclamé—, no le perdono que me oculte todos estos mundos. —¿A qué llamáis todos estos mundos?—me dijo ella, mirándome y volviéndose hacia mí. —Perdonadme—respondi—; me habéis arrastrado a mi locura, e inmediatamente mi imaginación se ha desbocado. —¿Cuál es, pues, vuestra locura?—preguntó. —Ayl—repliqué, bien siento el tener que confesarlo. Se me ha metido en la cabeza que cada estrella pudiera muy bien ser un mundo. Yo no juraria, sin embargo, que esto fuese cierto; pero lo tengo por verdadero, porque me produce placer el creerlo. Es una idea que me agrada y que se ha introducido en mi espíritu de un modo risuefio. En mi opinión, no hay nada, ni aun las verdades, que no necesite ir acompañado de placer. —Pues bien—dijo ella—; ya que vuestra locura Digitized by by Google
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