mientos del Universo: pues representaos a todos los sabios en la Opera, los Pitágoras, los Platón, los Aristóteles, y todos aquellos cuyo nombre suena hoy tanto en nuestros oídos; supongamos que viesen el vuelo de Faetón, a quien los vientos elevan, y que no pudiesen descubrir las cuerdas, que no supiesen cómo la parte oculta del teatro estaba dispuesta. Uno de ellos diría: «Es una virtud secreta la que eleva a Faetón. Otro: Faetón está compuesto de ciertos números que le hacen subir. Otro: «Faetón tiene una cierta apetencia por lo alto del teatro; no está a su gusto cuando no está allí. Otro: «Faetón no está hecho para volar; pero prefiere volar a dejar lo alto del teatro vacíos; y otros cien delirios que me asombra no hayan dado al traste con la reputación de toda la antigüedad. Por fin, han llegado Descartes y otros modernos, y han dicho: «Faetón sube porque se le tira de unas cuerdas y porque un cuerpo más pesado que él desciende.» Así, ya no se cree que un cuerpo se mueva si no es atraído, o más bien empujado, por otro cuerpo; no se cree ya que suba o baje si no es a causa de un contrapeso o de un resorte; y quien viese la Naturaleza tal como es no vería mas que la parte de atrás del teatro de la Opera. —De este modo—dijo la marquesa—, la filosofia se ha hecho completamente mecánica. —Tan mecánica—respondi—, que temo que nos avergoncemos bien pronto de ello. Se quiere que el Universo sea en grande no más que lo que un reloj es en pequeño, y que todo se conduzca en él por movimientos regulados que dependen de la disposición de Digitized by Google
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