ma de la Luna se colocó a Mercurio; en seguida, Ve— nus, el Sol, Marte, Júpiter, Saturno. Encima de todo esto estaba el cielo de las estrellas fijas. La Tierra se encontraba justamente en el centro de los círculos descritos por estos planetas, los cuales eran tanto mayores cuanto más alejados estaban de la Tierra, y, por consiguiente, los planetas más alejados em pleaban más tiempo en recorrer su órbita, lo que efectivamente es cierto. —Pero yo no sé—interrumpió la marquesa—por qué no aprobáis ese orden en el Universo; me parece bastante claro y bastante inteligible, y en cuanto a mi, os declaro que me satisface. —Yo puedo vanagloriarme—le repliqué—de haberos condimentado bien todo este sistema. Si os lo hubiese expuesto tal como fué concebido por Ptolomeo, su autor, o por los que han trabajado en esto después de él, os arrojaría en una horrible confusión. Como los movimientos de los planetas no son tan regulares que no los obliguen a ir tan pronto más aprisa, a veces más despacio, ya en un sentido, ya en otro, y que no estén algunas veces más alejados de la Tierra, otras veces más próximos, los antiguos habíanimaginado yo no sé cuántos círculos, diferentemente entrelazados los unos con los otros, con los cuales salvaban todas estas extravagancias. El embrollo de todos estos circulos era tan grande, que en un tiempo en que todavía no se conocía nada mejor un rey de Castilla, gran matemático, pero al parecer poco devoto, decía que si Dios le hubiese pedido su opinión cuando hizo el mundo él le hubiese dado buenos Digitized by Google
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