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Página:Crónica del undécimo Congreso internacional de americanistas, primero reunido en México en octubre de 1895; (IA cronicaundecimo00olavrich).pdf/103

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tra la cual protestó D. José María Iglesias, empezó por ocupar el puerto de Matamoros en un aniversario de su victoria de Puebla; sostuvo reñida y contraria acción en Icamole el 20 de Mayo con el Gral. Fuero, y cuando el grave desastre de Epatlán casi dispersó á sus amigos, el Gral. Díaz se presentó en Veracruz á dar nuevo y vigoroso impulso á la revolucióu, después de una serie de aventuras, casi novelesca, que hubo de arrostrar para no ser aprehendido por los agentes del gobierno lerdista, Viniendo, bajo nombre supuesto y, al parecer, hábilmente disfrazado, de los Estados Unidos á Veracruz, en el vapor americano City of Habana, al tocar en Tampico fué reconocido por un oficial de una fuerza del gobierno que allí embarcó el susodicho buque. Viéndose descubierto, y temiendo ser aprehendido, se echó al mar con ánimo de alcanzar á nado la costa, pero á la voz de ¡hombre al agua! la tripulación le volvió á poner sobre cubierta y por consiguiente en manos de sus enemigos, á los que pudo por el momento sustraerse acogiéndose al amparo del capitán y á la salvaguardia de la bandera americana: pero este recurso no podría valerle sino hasta llegar á Veracruz, y de nuevo intentó fiar su salvación á las olas, provisto de un salva-vidas; así iba á intentarlo cuando un empleado del buque le aconsejó esconderse después de tirar al agua el salva-vidas á fin de hacer creer que realmente habíase fugado por esa via. El éxito fué el que se buscaba, y gracias a la amistosa complicidad del marino americano, el oficial de la tropa lerdista creyó que habíasele huído su presa, y dijose, y así lo creyeron muchos, que el Gral. Diaz habia perecido, rumor ó creencia que pa. reció confirmada al registrarse en Veracruz el City of Habana, sin poder darse con el temido caudillo revolucionario que al fiu hubo de saltar en tierra en traje de marinero, y volver al Estado de Oaxaca, ano de los más felices teatros de sus glorias. Las logradas por los lerdistas en Ajuchitlán y el Fortin no bastaron á impedir la ruina de su administración, y el 16 de noviembre de 1876 se consumó su desastre en la acción famosa de Tecosc, á la que siguió la fuga de Lerdo de Tejada en las primeras horas del 20 del mismo noviembre. Si para triunfar de los lerdistas, el Gral. Díaz necesitó del esfuerzo de su brazo militar, para concluir con los iglesistas que pretendian utilizar en su propio provecho los sacrificios de los porfiristas, le bastó mostrarse enérgico é intransigente en la Hacienda de la Capilla y en los Adobes, y libre al fin de los unos y de los otros regresó á México á disfrutar de su triunfo el 11 de febrero de 1877. Tan larga y notable serie de méritos alcanzó al fin la justa recompensa, y electo por unanimidad Presidente Constitucional de la República, de su elevado puesto tomó posesión el Gral. Díaz el dia 5 de mayo del citado 1877. No se presentaba ciertamente favorable la situación al nuevo gobernante en esa fecha. Su antecesor Lerdo de