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Página:Crónica del undécimo Congreso internacional de americanistas, primero reunido en México en octubre de 1895; (IA cronicaundecimo00olavrich).pdf/104

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Tejada había dejado exhaustas las cajas de la federación, y el Gral. Díaz al encargarse del poder en 1876, se encontró sin recursos con que atender á su numeroso ejército constitucionalista, á los empleados civiles y á la necesidad de hacer honor al crédito nacional, comprometido en una fuerte deuda con los Estados Unidos del Norte. Importantes todas ellas, esta última obligación se imponía á las demás por la gravedad de las circunstancias: el presidente americano Mr. Hayes, había facultado á su Gral. Ord para violar la frontera y el territorio mexicano, en persecución de merodeadores indios y ladrones de ganado, y á la vez que había acogido con especial deferencia al Sr. Lerdo al llegar allá fugitivo de México, negábase á reconocer al gobierno del Sr. Díaz. Fué preciso comenzar solicitando un préstamo de cerca de doscientos mil pesos, é imponiendo una contribución extraordinaria sobre productos de capitales. Pero pasados los primeros meses, que lo fueron de escasez y penuria, porque la desconfianza era grande, y no todo el pais reconocía y aceptaba el nuevo régimen, se procuró con empeño la reorganización de la hacienda, el aumento en las rentas, la economía en muchos ramos, especialmente en el de guerra, y la moralidad en las recaudaciones. Así se logró obtener el primer año un ingreso de más de diez y ocho millones, que en el siguiente subió á veinte, y aunque disminuyó mucho en el tercero, llegó á ser muy próspero en el cuarto, pues pasó de veintiún millones: para ello fué necesario no sólo conservar sino aumentar la contribución del timbre, que imprudentemente había ofrecido derogar la revolución, y acrecer ó crear otros impuestos. Buena parte de ellos se destinó á imprimir musitado impulso á las mejoras materiales, como apertura y conservación de caminos carreteros; construcción de puentes, faros, canales, diques, y al establecimiento de colonias con inmigrantes extranjeros. Se atendió, en lo posible, all ornato y monumentos públicos; à la construcción de líneas telegráficas que fueron muy aumentadas; y rompiendo con antiguas trabas y preocupaciones, se dió, o mejor dicho se creó, un rápido impulso en asuntos de ferrocarriles: á casi todos los Estados se les hicieron concesiones para líneas férreas, de las cuales varias estaban en ejecución al terminar el periodo presidencial, entre ellas la línea internacional é interoceánica del Ferrocarril Central, principiada en junio de 1880. Los tribunales de justicia y sus códigos se reformaron y mejoraron; se protegió y vigiló la instrucción pública; y en todas las esferas de la Administración se proyectaron y realizaron adelantos, y por de contado en asuntos relativos al ejército. En su primera época, el Gral. Díaz tuvo la buena suerte de normalizar y reanudar relaciones con las potencias extranjeras, salvando las dificultades que surgieron con los Estados Unidos por depredaciones en la frontera; estableciendo consulados y legaciones; ajustando una convención y nombrando una