dida, con mi doble carácter de representante del Señor Presidente de la República, y de Presidente de este Congreso.
"Fuisteis llamados en nombre de la ciencia, y acudisteis presurosos á la cita: vuestros trabajos se publicarán próximamente para que el mundo aprecie el ensanche que habéis dado á los horizontes de la ciencia.
"Hago fervientes votos por que los congresos posteriores sean aún más fructuosos que éste, y porque el Congreso de la Haya acepte las indicaciones que hace el actual, de que las sesiones del Décimotercero se celebren en una ciudad de América, y las del Décimocuarto en Portugal, patria de Vasco de Gama y de Magallanes, únicos nombres dignos de ser colocados después del de Colón, cuya supremacía es indiscutible.
"Deseo que los miembros extranjeros lleven gratos recuerdos de su permanencia en México, seguros de que entre los días faustos de nuestra historia contaremos los de su estancia entre nosotros.
"En nombre del Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, declaro clausuradas las sesiones del Undécimo Congreso de Americanistas, hoy 23 de octubre de 1895."
Y cuando, como confirmación de la clausura, sonó la campanilla de oro de la escribanía de la mesa, todos los concurrentes, con la emoción propia de quien está seguro de haber asistido á algo notable y grandioso, asaltaron casi las gradas del estrado presidencial, y solicitaron del Sr. Baranda el honor de darle un abrazo y de estrechar su mano, para felicitarle no sólo por su discurso, sino por el éxito de los trabajos de aquel Congreso, cuyo lucimiento tan principalmente se le debió á él. Después, unos á otros entre sí los miembros diérouse iguales pruebas de simpatía y afecto, congratulándose todos de haber asistido á tan brillantes reuniones, y de haber podido presenciar el triunfo en ellas alcanzado por México. Sobre esto dijo un buen amigo nuestro lo que sigue, y es de una completa exactitud: "México acaba de dar una hermosa muestra de su adelantamiento intelectual con motivo de las sesiones del Congreso de Americanistas, agrupación de sabios, europea en su origen, que honran á la ciencia moderna. El éxito obtenido para nuestros modestos eruditos, ha sido envanecedor para México: los doctos extranjeros que los han escuchado, en arranques de entusiasta franqueza se han levantado de sus asientos para felicitar con frases honrosísimas, al país que cuenta con investigadores tan ilustres. Nosotros hemos escuchado y hemos recogido esas palabras, envaneciéndonos de que en medio del progreso material y económico de nuestra patria, las ciencias no hayan quedado atrasadas, y que en circunstan cias solemnes, ante los hombres encanecidos en Europa en el estudio y en las vigilias, nuestros escritores desconocidos allá, puedan