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Página:Crónica del undécimo Congreso internacional de americanistas, primero reunido en México en octubre de 1895; (IA cronicaundecimo00olavrich).pdf/59

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ropa á seis jóvenes de los más sobresalientes; se maudó formar la galería de pinturas y aumentar la de escultura, recompensando ampliamente á quienes por concurso en Roma presentasen obras dignas de figurar en la escuela. Para subvenir á esos gastos considerables se recurrió á un arbitrio tan ventajoso para el gobierno como para la Academia y fué el de concederle el usufructo de la renta de la lotería uacioual que habia perdido todo su antiguo crédito por falta de pago de los billetes favorecidos por la suerte. Esta cesión se le hizo en decreto de 16 de diciembre del mismo año de 1843, en pago de más de quinientos mil pesos que se le debían á la Academia, é imponiéndole la obligación de satisfacer más de cuarenta mil de premios insolutos, enbrir un crédito de amortizaciones de cobre, y entregar al gobierno el sobrante que resultase una vez cubiertos los gastos de la escuela. La Academia administró la tal lotería con tan alta honradez, y supo de tal modo acreditarla, que no sólo sostuvo é impulsó los estudios con sus productos, sino que cubrió todas las obligaciones del contrato, y entregó de sobrantes al gobierno ciento treinta mil pesos en los tres primeros años, listo lo hizo sin alterar el precio de cuatro pesos que habían valido los billetes cuando el premio mayor, que la junta aumentó á veinte mil, era sólo de seis mil. Por decreto de 7 de octubre de 1848, los sobrantes se aplicaron á la construcción de una penitenciaria, tomando de ellos mil pesos mensuales para el Hospicio de pobres, y doscientos cincuenta para el de mendigos. La Junta que tales beneficios realizó estuvo compuesta de los Sres, D. Javierde Echeverria, D. Cirilo Gómez Anaya, D. Manuel Diez de Bonilla, D. Gregorio Mier y Terán, D. Honorato Riaño, D. José Mariano Sánchez y Mora y el Lic. D. Manuel de Agreda, personas todas respetabilisimas en la sociedad de la capital, é insignes benefactores de las bellas artes, pues supieron levantar la Academia á la categoría del primer establecimiento de su género en todo el Nuevo Mundo. Satisfactorio es poder presentar estos ejemplos de inteligencia, moralidad y honradez á muchas otras juntas semejantes que por estulta ignorancia de uno de sus miembros, por perversión ó mala fe de los otros, y por debilidad de carácter de los restantes, no sólo no saben imitar á aquellos insigues caballeros, sino que pudiendo disponer de cuantiosos elementos los mutilizan con su incompetencia, y desacreditan y arruinan venerables instituciones, retrayendo á la caridad y á la filantropía de acudir en auxilio de los menesterosos y de los que buscan en la cultura un porvenir y un sustento cada día más dificiles. Por fallecimiento de D. Javier de Echeverria, pasó á ser presidente de la Junta de la Academia el Sr. D. José Bernardo Couto, justamente reputado por uno de los hombres más distinguidos. En esa época fueron dignísimos profesores en la Academia D. Manuel Castro, de matemáticas; D. Pelegrin Clavé, de pintura; D. Manuel Vilar,