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CUENTOS

del salón, repuestas de la sensación repentina del asombro, adelantáronse á recibir los efusivos besos de sus lábios todavía rojos y los apretones de sus manos con guantes nuevos.

Otro redoble y bombazo de la banda anunciaron la llegada de su Excelencia "y Señora", como diría don Baltasar, los cuales no despertaron la misma espontánea sensación de asombro que la señora de la casa, porque se habían hecho esperar y porque eran autoridad, y la autoridad jamás es bien recibida en parte alguna de la tierra.

Llevaba ya cuatro horas largas y penosas el baile de don Baltasar y señora, y comenzaban las matronas viejas á cuchichear por lo bajo, preguntándose á qué hora se abriría el comedor; las parejas se quedaban sentadas largo rato sin cruzar una palabra, ni siquiera de amor, ―que es quien más resiste al hambre,― y todo ese cansancio, con gran contentamiento de los músicos,