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CUENTOS

do alguna pausa se prolongaba más tiempo del que la canción permitía, figurábame ver desprenderse de sus ojos dos lágrimas que fuesen á caer, como gotas de vapor congelado, sobre las hojas de los arbustos rastreros, y que un suspiro profundo, comprimido, desgarrador, se hundiese también en las frías entrañas del nublado...

Después de largas horas de penosa marcha advertí que el terreno era plano, que el aire circulaba con más fuerza y tuve la sensación del espacio pleno, del firmamento mismo en todas direcciones. Mi guía se detuvo, y acercándose, me dijo dulcemente:

—"Apiesé, patroncito. El camino pa abajo es muy peligroso y la neblina es muy escura. Aquí vamos á aguardar el día y á estirar los güesos un rato. Las bestias han trabajao mucho y es güeno hacerlas pastear un poco pa seguir viaje."

Yo caí desplomado como una masa inerte, "come corpo mortu", y sea