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CUENTOS

por exceso de fatiga ó de sensaciones violentas durante la ascensión de la cumbre, no pude dormir, ni aquietar las ideas, ni dominar los nervios declarados todos en rebelión dentro de mí. Tuve que pedir á mi único compañero que procurase fuego; necesitaba ver algo más que esa tela impenetrable de nubes, sentía ansia de cambiar de color y de convencerme de la realidad de mi situación. Y cuando con gran esfuerzo pude contemplar el resplandor rojizo de la fogata y fijar la vista en las llamas que luchaban por devorar los húmedos tizones, casi pronuncié una oración á esa divinidad generadora de cuanto sustenta y hermosea la vida, al fuego, que difundido en la creación, tiene subordinada á la suya la existencia de nuestro Universo... Y entonces comprendí que de todas las idolatrías, la única digna de llamarse religión es la del Sol, el padre de lo creado, fuente de cuanto vive, é imagen de ese poder ideal que la humana especie adora, desde la cuna al sepul-