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CUENTOS

para aplicarse una penitencia de una ó dos misas enteras, que se oyen con una oreja y á las cuales se asiste con un ojo, porque la otra oreja y el otro ojo están muy ocupados en la curiosidad de lo que pasa alrededor, como que nadie puede advertir dentro de la cámara obscura formada por el clásico mantón, los movimientos nerviosos é inquietos de esas pupilas brillantes y vivarachas, maliciosas y traviesas, que no descansan, ni se hartan de investigar, de escudriñar, de recorrerlo todo con la velocidad de la chispa fugaz.

Pasé toda la mañana en la iglesia, medio escondido entre dos gigantescas columnas sobre las cuales descansan las bóvedas atrevidas y, á la vez, sensibles como una lámina de acero, y de allí pude observar escenas de lo más pintoresco y original, aún dentro de la severidad del marco en que las figuras, los tipos sociales, presentábanse encerrados.

Mujeres, sólo mujeres, todas envueltas, embozadas como para ir de cita