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CUENTOS

dejarle sepultado bajo un montón de piedras, ó suspendido como trofeo de la rama de un duraznal desnudo.

A la caída de la tarde la faena ha concluido, y se ve salir en hilera á los oficiosos jornaleros llevando sobre la espalda la carga de yuyos secos, á depositarios en columna propiciatoria en el centro de una boca-calle, precisamente á la hora en que los demás grupos de muchachos del pueblo hacen lo mismo en otros puntos, esforzándose por alcanzar mayor altura y vencer á sus rivales en la magnitud del fuego, en la esplendidez de la luz y en el estrépito que al arder levantasen las respectivas hogueras.

Con pasmosa rapidez alzábanse pirámides inmensas, se les daba forma regular, colocábase sobre el vértice algún adorno, y así se esperaba la noche, dejando un centinela para guardarlas de la broma de algún vecino juguetón que quisiese prenderles fuego antes de la hora de costumbre.