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CUENTOS

llamas?", y respondió dos monosílabos. Los libros de la parroquia no registran su partida de bautismo: todos le conocieron grande; y siendo esto así, ocurre conjeturar que entre las revueltas y bramadoras aguas desprendidas del misterioso Famatina, guarida en otros tiempos de un mundo de seres demoníacos, vino arrastrado desde los antros donde aquellos fraguan las tempestades y expelen las masas calcinadas de los metales en ebullición perpetua.

Porque Cora es negro, retinto, lustroso como la escoria, y hasta se advierte en su piel ese matiz ceniciento de los residuos de la fundición; es horriblemente feo, y su aspecto el de esos ídolos de tierra cocida que se encuentran en los enterratorios indígenas, en las huacas de los caciques. La cabeza es chata como un terrón de greda rodado de la montaña, y en ella ha nacido un apretado bosque de pelo que el fuego redujo á carbón; no tiene de frente sino una arruga horizontal, divisoria entre las