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CUENTOS

sordo de una violenta enajenación mental; y luego aquella brutal é informe naturaleza empezó á fundirse en sollozos, que brotaban con ese espantoso ronquido de la sangre coagulada, cuando sale á chorros intermitentes de la ancha herida abierta en la garganta del toro. Pasó la profunda crisis, y hoy el desgraciado, que nada sabe del placer de morir, ha concentrado todo su instinto de la vida en el contrabajo. Cuando en el silencio de las noches montañesas, óyese á distancia las formidables y destempladas notas del cobre gigantesco, ocurre pensar:

—¡Pobre Cora! Son los ecos dolientes de su alma tenebrosa, que no tiene siquiera el consuelo de saber que la muerte es la salvación de las existencias miserables... Y sopla, sopla y sopla hasta que por el sueño y la fatiga cae derrumbado como un peñasco de la cumbre.