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gios, y creida por él como artículo de fe. La mayor parte de estas consejas las ha heredado de su abuelo, un sastrecillo hablantin y novelero, que habiendo vivido cerca de cien años, solo dejó dos veces el recinto de la fortaleza. Su tienda fue por mas de un siglo el punto de reunion de un enjambre de venerables chuzonas, que pasaban allí una parte de la noche hablando de los tiempos antiguos, de los acontecimientos maravillosos y de los misterios del edificio. Toda la vida, las acciones, los pensamientos del sastrecillo historiador habian quedado encerrados en los muros de la Alhambra: aquellos muros le vieron nacer, crecer y envejecer; allí halló su existencia, allí murió y allí fue enterrado. Mas felizmente para la