El Emperador César Flavio Justiniano, Alemánico, Gótico, Fráncico, Germánico, Antico, Alánico, Vandálico, Africano, pío, feliz, inclito, vencedor y triunfador, siempre Augusto, á la juventud deseosa de estudiar leyes.
La majestad imperial conviene que no sólo esté honrada con las armas sino también fortalecida por las leyes, para que uno y otro tiempo, así el de guerras como el de paz, puedan ser bien gobernados, y el príncipe romano subsista vencedor no solamente en los combates con los enemigos, sino también rechazando por legítimos trámites las iniquidades de los calumniadores, y llegue à ser tan religiosísimo observador del darecho, como triunfador de los enemigos vencidos.
§1.—Cuyos dos caminos hemos seguido, mediante el favor de Dios, con sumo cuidado y suma previsión. Y en verdad que las gentes bárbaras á nuestro yugo sometidas conocen nuestros bélicos afanes; y los atestiguan así el Africa como otras innumerables provincias, de nuevo agregadas, después de tan grande espacio de tiempo, al señorío romano y & nuestro imperio por nuestras victorias, concedidas por la celestial deidad. Y todos los pueblos se rigen por leyes así promulgadas como compiladas por nosotros.
§2.—Y cuando hubimos puesto en clara concordancia las antes confusas sacratisimas constituciones, entonces extendimos nuestro cuidado á los inmensos volúmenes de la antigua jurisprudencia, y, caminando casi por medio de un abismo, hemos ya terminado, con el favor del cielo, una obra desesperada.
§3.—Y luego que, siéndonos Dios propicio, se acabó esta; habiendo convocado á Triboniano, varón magnífico, maestro y excuestor de nuestro sacro palacio, á Teófilo y á Doroteo, varones ilustres, profesores de derecho (de todos los que habíamos ya conocido por muchas pruebas su capacidad, su conocimiento de las leyes y su fidelidad á nuestros mandatos), les encargamos especial-