Macer y de Tuberón, quienes los consultaron en el templo de Moneta para hechos de los años 310, 513, 318 y 320, y anteriores por tanto á la toma de Roma. Hay que advertir que el uso de escribir en tela de lino se conservó mucho tiempo, puesto que se encuentran libros de esta clase de la época de Aureliano: en el Código Teodosiano se hace mención de leyes escritas en mappæ lintæ para exponerlas en toda Italia.
También escaparon los libros de los magistrados al desastre del año 363, puesto que el mismo Licinio se apoya en ellos para un hecho del año 309.
En cuanto á las Memorias de los censores, censoram tabulæ, que los hijos recibían de sus padres y que cuidaban de transmitir á sus descendientes como herencia sagrada, Dionisio de Halicarnaso las cita al hablar de un censo que se hizo en tiempos del rey Servio Talio; no porque en esta época hubiese censores, sino porque tal vez se depositaron en los archivos de esta magistratura los registros antiguos. El mismo: autor las cita refiriéndose á un censo que se hizo dos años antes de la toma de Roma, sirviéndose de ellas para determinar el año de la fundación de la ciudad. También apela á esta fuente Polibio, y Varrón buscaba en estos documentos rastros de la antigua lengua latina.
Cuéntanse también entre los monumentos que escaparon á los estragos de los galos, las leyes reales, escritas en madera, piedra ó bronce, y que se recogieron después del incendio, como las de Numa, cuya existencia en los archivos públicos atestigua Cicerón en su República; las de Tulo, que el mismo escritor comprende en los comentarios de los reyes y cuya autori-
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