dientes les imitasen, pero sin permitir que se multiplicasen tanto que desmereciesen en valor. En tan considerable número de años ocupados por tantas guerras, solamente se llevaron dos veces despojos opimos; tan avara fué la fortuna de este honor.
Mientras los romanos se dedican á estas fiestas religiosas, aprovechando la ocasión los antemnatos entraron por las abandonadas fronteras. Rápidamente acudió á su encuentro una legión romana[1], sorprendiéndoles dispersos por los campos. Al primer ataque, al primer grito de guerra huyeron los antemnatos y cayó su ciudad en poder de los romanos. Hersilia, esposa de Rómulo, constreñida por los ruegos de las mujeres robadas con ella, aprovechó el regocijo de aquella doble victoria para suplicar á su esposo que perdonase á sus padres y los recibiese en la ciudad, siendo éste el medio mejor para establecer la concordia. Consiguiólo sin trabajo y marchó Rómulo contra los crustuminios, quienes, desalentados ya por la derrota de sus aliados, opusieron menos resistencia que aquéllos. A unos y á otros mandaron colonias, presentándose mayor número para Crustumino por razón de la feracidad de sus campos, al mismo tiempo que frecuentes emigraciones, principalmente de las familias de las mujeres robadas, acudían de aquellos parajes á aumentar la población romana. Fué la última guerra la de los sabinos, y también la más empeñada, porque este pueblo obró con calma y tranquilidad, no precediendo amenazas al ata-
- ↑ Según su división en diez cohortes, compuestas de tres manípulos, divididos cada uno en dos centurias, el total de soldados de cada legión debía ser de 6.000. Pero este número varió en diferentes épocas. Según Plutarco, en tiempo de Rómulo la legión constaba de 3.000 peones y 300 jinetes. Desde Servio hasta la batalla de Cannas, el número de legionarios era de 4.200. En tiempos de Polibio se elevó á 5.200; y últimamente Mario, durante su primer consulado, lo elevó á 6.000.