Esta página ha sido validada
34
GABRIELA MISTRAL
¡sin el temblor incontenible
que yo tengo al balbucear
la invariable pregunta lívida
con que araño la oscuridad!
que yo tengo al balbucear
la invariable pregunta lívida
con que araño la oscuridad!
Tú, que ya sabes, tienes mansas
de Dios el habla y la canción;
yo muerdo un verso de locura
en cada tarde, muerto el sol.
de Dios el habla y la canción;
yo muerdo un verso de locura
en cada tarde, muerto el sol.
Dulce poeta, que en las nubes
que ahora se rizan hacia el sur,
Dios me dibuje tu semblante
en dos sobrios toques de luz.
que ahora se rizan hacia el sur,
Dios me dibuje tu semblante
en dos sobrios toques de luz.
Y yo te escuche los acentos
en la espuma del surtidor,
para que sepa por el gesto
y te conozca por la voz,
¡si las lunas llenas no miran
escarlata tu corazón!
en la espuma del surtidor,
para que sepa por el gesto
y te conozca por la voz,
¡si las lunas llenas no miran
escarlata tu corazón!