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DE DIÓGENES LAERCIO.

aun se opuso vigorosamente a su pariente Pisístrato cuando supo que procuraba tiranizar la República. Estando congregado el pueblo, salió en público armado con peto y escudo y manifestó los intentos de Pisístrato. No sólo esto, sino que aun se mostró dispuesto al socorro, diciendo: «Oh atenienses, yo soy entre vosotros más sabio que unos y más valeroso que otros; soy más sabio que los que no advierten lo que fragua Pisístrato, y más valeroso que los que lo conocen y callan por miedo». El Senado, que estaba por Pisístrato, decía que Solón estaba loco; pero él respondió:

Dentro de breve tiempo, oh atenienses,
la verdad probará si estoy demente.

 Los élegos que pronunció sobre la dominación tiránica que premeditaba Pisístrato son éstos:

Como las nubes, nieves y granizos
arrojan truenos, rayos y centellas,
así en ciudad de muchos poderosos
caerá el ciego pueblo en servidumbre.

 No queriendo, pues, Solón sujetarse a Pisístrato, que finalmente tiranizó la República, dejó las armas delante del Pretorio, diciendo: «¡Oh patria!, te he auxiliado con palabras y con obras». Navegó a Egipto y Chipre. Estuvo con Creso y, preguntándole éste a quién tenía por feliz, respondió que «a Teyo Ateniense, a Cléobis y a Bito» con lo demás que de esto se cuenta. Dicen algunos que