femia contra el más universal de los genios españoles.
Casi toda la historia de los grandes autores está siempre en sus obras. De nadie puede decirse esto con mayor exactitud que de don Francisco de Quevedo.
Al través de sus poéticos desenfados se ve su juventud turbulenta, sin frenos ni temores; sus obras filosóficas son vibraciones de un alma amargada que resuenan graves en las bóvedas de la cárcel o del claustro; sus sátiras, sus epistolas, sus sueños reflejan momentos de su edad, y en ellos se le ve alargar el brazo para dar una estocada o aprestar el pecho para recibirla. Sus amores, sus pleitos, las defecciones que sufre, las invectivas que devuelve, forman la colección de sus epigramas, y el conjunto de su obra ofrece, como su persona, un entendimiento superior, un espíritu agudo y exquisito, encerrados en un cuerpo en el que se muestran a la vez gallardías y defectos, imperfecciones y bellezas.mlong