rias misiones diplomáticas, y para llevar a término una de ellas salió de Mesina para España en 2 de septiembre de 1615. Desembarcó en Marsella con ánimo de venir por tierra a Madrid; pero al llegar a Montpellier lo apresaron los hugonotes, si bien a los tres días le devolvieron la libertad.
Antes de llegar a Burgos, en donde el monarca le aguardaba, sufrió otras dos detenciones; pero al fin logró realizar su cometido, con tal acierto, que, merced a él, fué su valedor el Duque ascendido al virreinato de Nápoles, desde donde llamó nuevamente a Quevedo, que acudió allí con la mayor presteza.
Otra misión diplomática lo trajo a España en 1617; pero al cabo de tres años volvió a Nápoles, en donde Osuna, Bedmar y Villafranca, gobernadores de nuestros Estados en el territorio italiano, lo comisionaron para que pasase a Venecia y estudiar a actitud de aquella República, siempre hostil a nuestro dominio. Fué alli muy bien recibido; pero a poco estalló la famosa revolución de 14 de mayo, en la que el pueblo, armado, perseguía a sangre