de sepulcro que de cárcel. ¡Ya se ve: los que se complacen con verme padecer, no quieren cortar de una vez lo que al fin han de cortar, sino que la frecuencia de los golpes haga más penoso, por más dilatado, el martirio; porque así logran más tiempo sus satisfacciones!
"Tiene de latitud esta sepultura donde encerrado vivo veinticuatro pies escasos y diez y nueve de ancho. Su techumbre y paredes están por muchas partes desmoronadas a fuerza de la humedad, y todo tan negro, que más parece recogimiento de ladrones fugitivos que prisión de un hombre honrado.
"Para entrar en ella hay que pasar dos puertas, que no se diferencian en lo fuerte. Una está al piso del convento y otra al de mi cárcel, después de veintisiete escalones, que tienen traza de despeñadero.
Las dos están siempre cerradas, a excepción de los ratos que diré, en que, más por cortesía que por confianza, dejan la una abierta, pero la otra segunda con doble cuidado.
"En medio de la pieza está colocada una mesa, donde escribo, que es tan grande,