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Página:Doctrinal de Quevedo. De los reyes, de los ministros, de la guerra, de la justicia, de la mujer, del pueblo (1930).pdf/47

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Doctrinal de Quevedo
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pone con suavidad el mandar en el sumo poder.

76. No es la obediencia mortificación de los monarcas, que noblemente reconocen las grandes almas vasallaje a la razón y a las leyes. Quien a éstas obedece, bien manda, y quien manda sin haberlas obedecido, antes martiriza que gobierna.

77. Obedecer deben los reyes a las obligaciones de su oficio, a la razón, a las leyes, a los consejos, y han de ser inobedientes a la maña, a la ambición, a la ira y a los vicios.

78. Son cosas contrarias obedecer el rey al siervo, y cuando se ve, es un monstruo de la brutalidad que produce el desatino humano para escándalo de las propias bestias.

79. ¡Cuánto padece de calamidad el orbe con las hostilidades injustas que por tantos lados turban su paz, alentadas por el enemigo común con el soplo vivo de la que llaman razón de Estado, ambición y venganza, para la desolación de las repúblicas!

80. No se ha de hacer mercedes a los que con ellas se desvanecen y se confían.