y si a Dios ofrece unida su oración con mi oración;
que yo sé que si en el cielo la memoria no perdió, no me falta en mis congojas quien por mí ruegue al Señor.
Dile, dile, por tu vida, que en mi amarga turbación, ni aun me curo de aquel ángel que al morir me encomendó.
Dile tú que el pobre niño, compartiendo mi aflicción, triste vive y macilento desde que ella nos dejó;
porque son mis desventuras aguas turbias de aluvión, que al mortal que de ellas bebe le marchitan el color.
Embargada tengo el alma de una vaga sensación, de inquietud y desaliento, de cansancio y estupor.
Mi alimento son las penas, mi consuelo es la aflicción, las vigilias son mi sueño, mi placer es el dolor.
Ni me agrada selva umbría, ni jardín que tenga flor, ni ramblar que riegue el agua, ni lugar que alumbre el sol;
ni me incitan los placeres, ni me ofusca el esplendor, ni la gloria me cautiva, ni me tienta la ambición;