los insalubres miasmas de dos fétidos tejares que densa humareda exhalan.
Valle-Hermoso, Valle-Hermoso, ¿por qué a tu estéril comarca, cuando triste muere el día, triste dirijo mi planta?
¿Qué irresistible atractivo, qué oculto misterio guarda para mi errabunda mente tu arena inhospitalaria?
¡Ay! que en la yerma colina que tus términos señala cipreses de un cementerio las negras copas levantan;
y, en el muro que los cerca, breve blanquecina mancha con poder irresistible ya es imán de mis miradas.
No es mucho ¡ay de mí! no es mucho que a ti el corazón me traiga: ¡no es mucho, que tengo amores ocultos tras esas tapias!
Si lo dudas, Valle-Hermoso, testimonios no me faltan. Díselo tú, vida mía, díselo tú que me aguardas.
Dile, dile cuántas veces en vigilia solitaria, de rodillas a esas puertas logró sorprenderme el alba.
Dile que por tus amores las tinieblas no me espantan, ni las lluvias me intimidan, ni las nieves me acobardan;