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que aquí mi afán se mitiga y aquí mi mente se explaya, y aquí mis dichas se encierran, y aquí mora mi esperanza.
Ya estos sauces me conocen, y estos cipreses me llaman, y estos senderos conservan la señal de mis pisadas.
Lindero es ya de dos mundos la losa que nos separa: tú, en uno, duermes sin vida; ¡yo, en otro, velo sin alma!
Enero de 1881
DESDE EL PROMONTORIO
En la Magdalena, cerca del Puntal, donde acaba el puerto y entra la alta mar,
sobre el promontorio que al estrecho da, las revueltas olas me paré a escuchar.
Desde allí los ojos, en la soledad, horizonte inmenso logran dominar.
Cuando inquieto y vario, de mudable faz, siempre parecido, pero nunca igual: