OFRENDA
Emblema del dolor y la amargura que en mi pecho dejó la suerte esquiva, esta flor, siempre viva, consagro a tu tranquila sepultura.
Nació en los campos ignorada y sola; su amarilla corola no arrebató al jazmín la esencia pura, ni al nardo la frescura, ni al clavel los colores encendidos: no halaga los sentidos; ¡pero tenaz sin marchitarse dura!
NOSTALGIA
Un cántico de amor y de esperanza hierve en mi ardiente pecho: a ti, Señor, mi espíritu lo lanza en lágrimas deshecho.
A las flores el llanto de la aurora da vida en el estío: las lágrimas de amor que el hombre llora, del alma son rocío.
¡Bendito Tú, Señor, que tal mudanza diste a la pena mía, tornando en dulces horas de esperanza mis horas de agonía!
En éxtasis divino arrebatado, crece mi ardiente anhelo cada vez que contemplo embelesado ese libro del cielo.
Leyendo lo que en él tu mano ha escrito, hora paso tras hora.