cuanto al hijo, ya estaba procesado; quedaba solamente añadir a la sentencia la declaración de algunos testigos que había quedado secreta en los autos. El doctor Antonio das Neves Carneiro fué condenado a destierro en las provincias del Sur del reino. Su crimen era haber acompañado a España a su hijo. Tuvieron con él la piedad de retirarle del Limoeiro antes de que el hijo saliese con la túnica de los ajusticiados.
La energía de Teresa se quebrantó con la enfermedad, desde que le prohibieron en Castello Branco acercarse a las rejas de la cárcel. Siguió a los presos a través de treinta y cuatro leguas, pudiendo sólo comprar la condescendencia de un soldado, el cual consiguió entregar una carta para Antonio María, cuyas esposas le impedían leer.
Cuando llegó a Lisboa y encontró los brazos de su madre, pidió a Dios que la dejase morir entonces; pero, a ratos, sacudía el fantasma de la muerte con las trenzas sueltas de su cabeza vertiginosa, empuñaba el acero de los tres filos, y decía unas palabras sueltas que arrancaban clamorosos gritos a la madre.
Mientras tanto, era interrogado Antonio María das Neves Carneiro. Tocábale entonces ser hombre y afrontar la muerte con la dignidad de sus modelos republicanos; nosotros, sin embargo, para decir la verdad, no hemos tenido en el prefacio sangriento de nuestra libertad una sola de esas ilustres víctimas que supiese morir, confesando el delito de querer libertarnos de la tiranía. Todos