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Página:Dos novelas del Miño - bvpb487889.pdf/94

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Por eso no te apures, que ya me voy—dijo ella con malos modos.

Y cogiendo del suelo el lío del vestido y de la saya, salió con gran velocidad y un fuerte golpear de zapatillas en los talones.

Cuando entró en el cuarto de su hija, todavía estaba allí Cayetana.

—No le puedo aguantar—dijo la esposa expulsada, tirando el lío de la ropa encima de un arca—.

Me vengo a dormir aquí contigo... ¿Has estado es cribiendo?—preguntó, viendo un tintero de cuerno sobre la mesa con una pluma de ave al lado.

—Fué Cayetana, que me pidió que le escribiese una carta a su madre para que venga a buscarla por Navidad.

Feliciana contó a su hija el caso hediondo del asesinato de la mujer de su tío con una tranca, por causa de un dependiente. De este modo hacía a Teresa la revelación de un adulterio y dejaba caer en su espíritu virginal la comprensión de la culpa y del castigo. La imagen truculenta del tío Ma— nuel de Oporto se le arareció en sueños, y la dulce sonrisa de Guillermo alegróle el despertar con las alegrías de un vuelo de golondrinas que cantasen en el alero del tejado.

Al otro día, cuando el artista abrió la puerta de su taller, ya estaba Cayetana en el portal. Díjole ella que era la criada de doña Teresita de Jesús.