Página:ECH 1990 2 - Aguirre Cerda, Pedro, Presidencia de.djvu/12

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mentaneamente la crueldad de la situación. Siguiendo el noble ejemplo de su Presidente, el país entero exteriorizó su solidaridad con las víctimas.

Una vez que regresó a Santiago el Primer Mandatario aceleró la presentación al Congreso de dos leyes destinadas a cauterizar los efectos del terremoto: una de acción temporal, la que crea la Corporación de Reconstrucción y Auxilio y la otra de acción permanente, la que da vida a la Corporación de Fomento de la Producción.

A pesar de la hora crítica que vivía Chile, fue difícil obtener el despacho de las leyes propuestas al Parlamento. El carácter de urgencia que se un puso a su despacho obligó a deliberaciones continuadas. Era tal la pasión demostrada por los adversarios al nuevo gobierno, que se temió por momentos que se viera malograda o debilitada la vertebración del plan de reforma económica que involucraba la iniciativa.

Veleidades y resquemores del régimen de casta, prevalecían en nuestro ambiente político. Por fortuna, después de votaciones reñidas, jalonadas de incidentes, las leyes salieron conforme al ideal de su autor. El Ministro de Hacienda, Don Roberto Wascholtz Araya defendió la iniciativa del gobierno en el Parlamento.

Se trataba de las leyes que crean la Corporación de Fomento de la Producción y la de Reconstrucción y Auxilio de las provincias devastadas por el terremoto. La primera, queda encargada con los recursos de empréstitos internos y externos de prospeccionar la riqueza potencial del territorio y planificar la explotación de las fuentes de energía para movilizar las tres ramas de la producción: minera, industrial y agrícola; la segunda, reconstruir materialmente las ciudades arrasadas por el cataclismo.

Interrogante dramática. Chile, a poco de poner en marcha el plan concebido por la Corporación de Fomento de la Producción abandona la cereta de una prosperidad ficticia. Para ello se partió de una consideración simple ¿cuantos habitantes hay en el país y con que recursos se cuenta para sustentarlos?. La respuesta es tremendamente complicada hasta el límite de lo dramá-