Página:ECH 1990 2 - Aguirre Cerda, Pedro, Presidencia de.djvu/18

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda
Esta página ha sido corregida


ñor Horacio Campillo, al Obispo de La Serena Monseñor José María Caro Rodríguez. El gobierno hace valer discretamente sus deseos en ese sentido.

De esta manera, el Gobierno del Señor Aguirre Cerda y el gobierno eclesiástico del nuevo Arzobispo, se inician casi simultáneamente, sobre la base de las más cordiales relaciones, cordialidad que era símbolo de la que iba a reinar entre el poder político de la Nación y de la Iglesia. La hermandad de ideales borraba toda diferencia entre ellos.

El Presidente Aguirre Cerda, tuvo, además, interés en que la Iglesia chilena contara con un Cardenal y que este fuera Monseñor Caro. La Bula Pontificia llegó, años más tarde, durante la Presidencia de Don Juan A. Ríos.

Congreso Eucarístico. El año 1941 se realizó en Santiago el VIII Congreso Eucarístico Nacional. El Presidente y sus Ministros asisten a todas las festividades a las que la Iglesia quiso darle carácter oficial. Los Prelados extranjeros en unión del Arzobispo de Santiago, Monseñor Caro, expresaron al Supremo Gobierno los agradecimientos de la Iglesia por el apoyo y las garantías de toda índole de que habían gozado para la celebración del Congreso. La lección de moral, impartida por el Presidente Aguirre Cerda fue recogida y aprovechada. Su efecto sobre los espíritus no se hizo esperar. Ya no se volvió a hablar, ni en el seno de la Derecha ni de la Izquierda, de pugnas religiosas ni de otros anacronismos.

La enseñanza particular. Dirigida en su mayor parte por congregaciones religiosas o por sacerdotes seculares contó con amplio apoyo de parte del Presidente Aguirre; contó con su gratitud, porque él reconoció que esos maestros agrupados en nombre de las creencias religiosas que profesaban, prestaban un servicio indiscutible al país y contribuían al cumplimiento de la misión del Estado referente a la educación.

Las Administraciones de los Presidentes Radicales, ofrecen con hechos palpables una demostración de respeto a la libertad de conciencia de la ciudadanía, como no los ha ofrecido nunca un gobierno presidido por Partidos Católicos: los 130 años de tradición republicana acelerada por el Partido Radical, eran garantía de orden y de respeto a las instituciones espirituales.